
¿Quién dijo festival?
“Monkey Week no es un festival al uso. Es una muestra, un escaparate, un punto de encuentro para artistas, público y profesionales de la escena musical independiente”. Esto es lo primero que aparecía en el libreto del “festival” o manual de supervivencia, como decía la portada.
Y, con todo esto, cómo explicar a qué tipo de evento iba el fin de semana?
- Voy a… es como… un festival de música, músicos mejor dicho, que no es lo mismo.
- Entonces quién toca?
- Pues, no lo sé.
- Vale, y entonces por qué vas?
- Pues, quizás porque vienen los amigos de nuestros amigos, y porque tenemos que conocerlos a todos, porque aparece Newton para enseñarnos las leyes de la física, por el camarote!, porque nos estamos descubriendo, por el gambón, porque los locos nos hacen cuerdos aquí, porque tenemos Mucho Teatro, porque la ignorancia es muy atrevida.
Buscando en la demencia del rock, Daimon in the sky.
Viernes 23:10, en la trastienda entonando una copa antes de entrar a matar. He oído que España ha marcado un gol. Pam!
Acabamos de enterarnos de que la noche va a ser más larga de lo que pensábamos, hay fiesta de inauguración! Entramos, miramos y escuchamos. El primero de los grupos suena a rayos, el teclista es amigo del músico de la familia, lo conocemos de otros eventos. No mencionaré ningún nombre en este caso. En abierto hasta el amanecer, continúa la brutalidad sonora de La Débil. Los miembros del grupo pasaban de 1 lobo y 4 vampiros a 2 lobos y 3 vampiros. El eclipse instrumental guiaba a las almas más perdidas de la sala hacia nuestros dominios, los guardianes de la barra. Empezaba Tom Bennet, y con él llegó el momento de las relaciones. Conocimos a L, después llegaron ellos, J. L. G. y J B. D., o lo que es lo mismo, Milord. Vi al demonio. Bebía bourbon. Sin duda, cerca de mi olía a azufre.
Entretanto, tuvimos una visión, delante de nosotros estaba G. I. Le hicimos una señal, dudé de si realmente era él. No veía a su alrededor, pero sonreía. Vio la señal, sonrió e intentó acercarse. un taburete nos separaba, él chocó y no pudo mantener la trayectoria, se desvió, quizá algo en su interior le advirtió del peligro al que se expondría si avanzaba hacia una dirección equivocada. Lo que él aún no sabía es que antes de concluir su noche tendría que bajar de un coche y defender su condición ante dos miembros de la policía. Justo antes de ver a G.I. en tal situación, habíamos dejado a J. A. pidiendo ayuda para encontrar su hotel. La noche acabó aquí por suerte. Los miembros de un grupo de rock demencial ya disuelto llegaron exhaustos al merecido descanso.
El sábado continuó la fiesta y aún pudimos ver algunos conciertos a pesar de la lluvia. Fue el día para descubrir a Santos de goma, Andrew Bird y quizás para olvidar a Pony Bravo. Aquí tenía que finalizar nuestra presencia en el pueblo de los músicos. El último momento antes de cerrar el Monasterio de la Victoria por riesgo de electrocución, lo recordaré durante un tiempo, sin duda. Nuestra conocida desconocida L. lloraba a N. V. al mismo ritmo que la lluvia se convertía en un peligro. Él estaba impasible, con los ojos entrecerrados y una mueca de burlona tristeza. Seguramente soñaba despierto con praderas y caballos.
“Monkey Week no es un festival al uso. Es una muestra, un escaparate, un punto de encuentro para artistas, público y profesionales de la escena musical independiente”. Esto es lo primero que aparecía en el libreto del “festival” o manual de supervivencia, como decía la portada.
Y, con todo esto, cómo explicar a qué tipo de evento iba el fin de semana?
- Voy a… es como… un festival de música, músicos mejor dicho, que no es lo mismo.
- Entonces quién toca?
- Pues, no lo sé.
- Vale, y entonces por qué vas?
- Pues, quizás porque vienen los amigos de nuestros amigos, y porque tenemos que conocerlos a todos, porque aparece Newton para enseñarnos las leyes de la física, por el camarote!, porque nos estamos descubriendo, por el gambón, porque los locos nos hacen cuerdos aquí, porque tenemos Mucho Teatro, porque la ignorancia es muy atrevida.
Buscando en la demencia del rock, Daimon in the sky.
Viernes 23:10, en la trastienda entonando una copa antes de entrar a matar. He oído que España ha marcado un gol. Pam!
Acabamos de enterarnos de que la noche va a ser más larga de lo que pensábamos, hay fiesta de inauguración! Entramos, miramos y escuchamos. El primero de los grupos suena a rayos, el teclista es amigo del músico de la familia, lo conocemos de otros eventos. No mencionaré ningún nombre en este caso. En abierto hasta el amanecer, continúa la brutalidad sonora de La Débil. Los miembros del grupo pasaban de 1 lobo y 4 vampiros a 2 lobos y 3 vampiros. El eclipse instrumental guiaba a las almas más perdidas de la sala hacia nuestros dominios, los guardianes de la barra. Empezaba Tom Bennet, y con él llegó el momento de las relaciones. Conocimos a L, después llegaron ellos, J. L. G. y J B. D., o lo que es lo mismo, Milord. Vi al demonio. Bebía bourbon. Sin duda, cerca de mi olía a azufre.
Entretanto, tuvimos una visión, delante de nosotros estaba G. I. Le hicimos una señal, dudé de si realmente era él. No veía a su alrededor, pero sonreía. Vio la señal, sonrió e intentó acercarse. un taburete nos separaba, él chocó y no pudo mantener la trayectoria, se desvió, quizá algo en su interior le advirtió del peligro al que se expondría si avanzaba hacia una dirección equivocada. Lo que él aún no sabía es que antes de concluir su noche tendría que bajar de un coche y defender su condición ante dos miembros de la policía. Justo antes de ver a G.I. en tal situación, habíamos dejado a J. A. pidiendo ayuda para encontrar su hotel. La noche acabó aquí por suerte. Los miembros de un grupo de rock demencial ya disuelto llegaron exhaustos al merecido descanso.
El sábado continuó la fiesta y aún pudimos ver algunos conciertos a pesar de la lluvia. Fue el día para descubrir a Santos de goma, Andrew Bird y quizás para olvidar a Pony Bravo. Aquí tenía que finalizar nuestra presencia en el pueblo de los músicos. El último momento antes de cerrar el Monasterio de la Victoria por riesgo de electrocución, lo recordaré durante un tiempo, sin duda. Nuestra conocida desconocida L. lloraba a N. V. al mismo ritmo que la lluvia se convertía en un peligro. Él estaba impasible, con los ojos entrecerrados y una mueca de burlona tristeza. Seguramente soñaba despierto con praderas y caballos.
Hasta el año que viene monitos!